Ricardo Diez de Ulzurrun López 9 de marzo de 2022


Esta es mi visión de cómo debo responder, por ser cristiano, ante la situación que se está viviendo en Ucrania a causa de la invasión de Rusia.

Como cristiano, a la luz de mi fe no puedo admitir una invasión militar de un país a otro. No puedo defender a Rusia por muchos motivos que crea tener. Ucrania es actualmente un país independiente de Rusia y por tanto la agresión de un país hacia otro debe condenarse siempre rotundamente.

Si, como dice Putin, justificase esta agresión por el simple hecho de que Ucrania en algún momento de la historia ha sido territorio Ruso, tendría que justificar que casi la mitad del mundo actual estuviese en guerra, pues todos los países, en algún momento de su historia han pertenecido a otros, incluso han pasado de mano en mano por muchos países.

Sin embargo, como cristiano, no puedo legitimar tampoco la defensa de su territorio mediante la violencia por parte de los ucranianos. Las conductas agresivas en nombre de la justicia, fácilmente pueden desembocar en acciones tan inaceptables como la propia agresión injusta sufrida. La respuesta violenta debe ser la última alternativa, porque responder a la violencia con más violencia puede crear una espiral de agresión cada vez más inaceptable, que victimice a más y más personas inocentes, tanto del bando ucraniano como del bando ruso.

No podemos olvidar que están muriendo muchas personas inocentes. Están muriendo muchos ucranianos a causa de los ataques rusos: hombres y mujeres; niños, jóvenes, adultos y ancianos; soldados y civiles. Pero no podemos olvidar que también están muriendo muchos rusos a causa de los ataques ucranianos para defenderse: hombres y mujeres; soldados; y probablemente también civiles ucranianos como daños colaterales de estos ataques. Todos son inocentes. Las guerras no las hacen los que luchan y las sufren, sino los que las diseñan desde sus despachos.

Querer construir la paz a partir de la violencia es una ilusión. La legítima defensa es un derecho que tienen los países y los pueblos, pero en mi opinión, como cristiano, no se puede justificar nunca el uso de la violencia para defenderse. La paz siempre debe ser solucionada con el diálogo y el perdón. Al matar inocentes que están en el bando agresor nos convertimos nosotros mismos en violentos.

Sé que es muy difícil posicionarse ante una agresión como la que está sufriendo Ucrania con este mensaje de no responder a la violencia con más violencia, pero como cristiano, no puedo olvidar lo que Jesús me ha revelado.

Podemos ver en los evangelios como Jesús practica la no violencia como la única forma de reaccionar frente a quien provoca el mal, porque de otro modo “todo el que pelea con espada, a espada morirá” (Mt 26,52).

Nos pide que no matemos nunca “habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado” (Mt 5, 21-22) y que no nos dejemos llevar por la venganza “habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra” (Mt 5, 38-39).

Jesús siempre fomenta la solidaridad fraterna para construir un mundo justo que apueste por el bien del otro, porque está convencido de que sólo son “bienaventurados los que luchan por la justicia” (Mt 5, 10) y “promueven la paz” (Mt 5, 9). Quien construye la paz busca la reconciliación de quienes están enemistados, y lo hace por medios no impositivos. Trabajar por la paz es una obligación y una necesidad. Jesús mismo es el modelo de paz, pues entregó su vida en la cruz para reconciliar a los hombres con Dios y entre sí. Él mismo sufrió la violencia en su carne y no utilizó la violencia para defenderse.

Jesús nos enseña en los evangelios que se puede vencer el mal con la verdad y la justicia, para que no triunfen la mentira y la violencia. Nos pide que oremos por nuestros enemigos “habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen” (Mt 5, 43-44), que perdonemos primero para ser perdonados después “perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas” (Mc 11,25).

Enviar armas y soldados a Ucrania no es la solución. La solución pasa por las negociaciones. Si de verdad Europa y Estados Unidos quisieran la paz, si de verdad les importase la vida de los ucranianos y de los rusos inocentes que están muriendo en esta guerra, estarían negociando sin parar. Pero el verdadero problema es, que detrás de esta guerra, como detrás de todas las guerras, siempre hay intereses económicos, geoestratégicos, etc. y por desgracia no solo del país agresor y del agredido, sino también de los países que se llaman neutrales.

Mientras que en este mundo no cambiemos la visión antropológica, mientras no comencemos a ver la dignidad de todos los hombres, por más humildes que sean, y todos seamos tratados como imagen y semejanza de Dios y no como objetos, seguiremos pensando que hay que solucionar los conflictos a base de bombas y misiles.

Mientras los países más ricos sigan haciendo inversiones millonarias para la guerra y la compra y venta de armas, en lugar de promover planes de desarrollo y ayuda de los países más pobres, seguiremos pensando que la solución a los conflictos pasa por la violencia.

Mientras el valor de la sociedad sea el egoísmo, el no querer compartir los bienes de la creación con los demás, seguiremos pensando que tenemos derecho a agredir a cualquier nación a nuestro antojo.

Cuando el mundo sea de verdad consciente de que lo importante es el valor de la vida humana, la igualdad de todos los pueblos, la solidaridad entre las naciones, la fraternidad entre los hombres, entonces se acabará la violencia y estará instaurado el Reino de Dios en la tierra. Será un mundo que viva la caridad.

Es por esto por lo que como cristiano yo debo y quiero luchar y mis armas son la oración y la confianza en Dios.

Me uno a la oración del Santo Padre por la paz:

Señor Jesús, adoramos tu cruz, que nos libra del pecado, origen de toda división y de todo mal; anunciamos tu resurrección, que rescata al hombre de la esclavitud del fracaso y de la muerte; esperamos tu venida gloriosa,
que realiza el cumplimiento de tu reino de justicia, de gozo y de paz.

Señor Jesús, por tu gloriosa pasión, vence la dureza de los corazones, prisioneros del odio y del egoísmo; por el poder de tu resurrección, arranca de su condición a las víctimas de la injusticia y de la opresión; por la fidelidad de tu venida, confunde a la cultura de la muerte y haz brillar el triunfo de la vida.

Señor Jesús, une a tu cruz los sufrimientos de tantas víctimas inocentes: los niños, los ancianos, los cristianos perseguidos; envuelve con la luz de la Pascua a quienes se encuentran profundamente heridos: las personas abusadas, despojadas de su libertad y dignidad; haz experimentar la estabilidad de tu reino a quienes viven en la incertidumbre: los exiliados, los refugiados y quienes han perdido el gusto por la vida.

Señor Jesús, extiende la sombra de tu cruz sobre los pueblos en guerra: que aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón; haz experimentar el gozo de tu resurrección a los pueblos desfallecidos por las bombas; arranca de la devastación a tantos pueblos que están actualmente en guerra; reúne bajo la dulzura de tu realeza a tus hijos dispersos; sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor.

Virgen María, reina de la paz, tú que estuviste al pie de la cruz, alcánzanos de tu Hijo el perdón de nuestros pecados; tú que nunca dudaste de la victoria de la resurrección, sostén nuestra fe y nuestra esperanza; tú que has sido constituida reina en la gloria, enséñanos la majestad del servicio y la gloria del amor.

Amén.

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