Una Nochevieja alternativa

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Cada Nochevieja, el tiempo se detiene en las casas de miles y miles de familias españolas. Con gran expectación, todos centran su atención en las campanadas que marcan el nacer de un nuevo año. Pero, antes de poder brindar y abrazarse, hay que tomar las doce uvas “de la suerte”.

La aparición de esta práctica se sitúa en el Madrid de 1880 como una acción satírica y de protesta del pueblo contra la burguesía. Por aquel entonces, la alta burguesía copió la costumbre francesa de hacer fiestas privadas en Navidad en las que se bebía champán y se utilizaban uvas como acompañamiento. La gente del pueblo, que no podía permitirse esos lujos, como burla de la costumbre aristócrata y en señal de protesta, decidieron aprovechar para reunirse en la Puerta del Sol de Madrid y escuchar las doce campanadas del reloj en Nochevieja y comer las uvas, que era un producto barato en esa época.

Este carácter burlesco se mantuvo durante muchos años en Madrid, pero acabaría por normalizarse y extenderse al resto del país y por Latinoamérica con el paso del tiempo, hasta llegar a nuestros días.

La tradición marca que se coloquen doce uvas para simbolizar los doce meses del año. Hay que comer una uva tras la correspondiente campanada de media noche y esto supondrá buena suerte en el correspondiente mes del próximo año.

Está muy bien esta tradición tan española, pero un cristiano no debería creer en la “buena suerte” que pueden otorgar doce uvas. La suerte no existe y mucho menos las uvas tienen ningún poder de otorgarla.

El cristiano debería saber que sólo existe la Providencia divina, que sólo Dios nos sostiene, y que sólo Él es quien tiene todas respuestas para nuestras dudas y encrucijadas. La superstición es producto de ignorancia o de un vacío espiritual.

Un cristiano debería dar al fin de año un sentido religioso en donde se agradezca a Dios por el cierre de un ciclo más de la vida que Él nos ha regalado.

Lo cristiano sería proponer una nochevieja alternativa, sin uvas, sin cotillón y sin baile, sino en silencio y oración.

Os propongo que solicitemos en nuestras parroquias que el día 31 de diciembre a las 11:00 de la noche se celebre la Eucaristía y que al finalizar se realice la exposición del Santísimo de tal forma que cuando se den las doce campanadas, en lugar de comer “las uvas de la suerte”, los cristianos estemos adorando al Señor y dándole gracias por el nuevo año.

Ánimo, tenemos todavía 3 días para pedírselo a nuestro párroco, seguro que si se lo pedimos estará encantado.

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