Tierra Santa: el Quinto Evangelio


“En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».” (Isaías 2, 2-3)

El viaje a Tierra Santa es una auténtica peregrinación a las raíces de nuestra fe cristiana y al encuentro con Jesús en su misma tierra. Es un viaje distinto a los demás realizados por motivos religiosos. Para los cristianos suele ser el mejor viaje de su vida, como lo afirman al regreso de Tierra Santa.

Es una oportunidad única para caminar sobre esta tierra con el corazón, para visitar los lugares de la Biblia, especialmente de los Evangelios; y para caminar sobre esta tierra con el alma, para contemplar la vida de Jesús mediante la meditación de los Evangelios.

En Tierra Santa el Evangelio te va a sonar de otra manera, por algo a su geografía se le ha llamado el Quinto Evangelio.

“Tierra Santa ha sido llamada un Quinto Evangelio, porque aquí podemos ver, es más tocar, la realidad de la historia que Dios ha realizado con los hombres. Comenzando con los lugares de la vida de Abraham hasta los lugares de la vida de Jesús, desde la encarnación hasta la tumba vacía, signo de su Resurrección. Sí, Dios ha entrado en esta tierra, ha actuado con nosotros en este mundo. Pero podemos decir más todavía: Tierra Santa, por su misma historia, puede ser considerada un microcosmos que resume en sí el esforzado camino de Dios con la humanidad. Un camino que incluye a causa del pecado también la Cruz, pero gracias a la abundancia del amor divino, también la alegría del Espíritu Santo, la Resurrección ya comenzada; es un camino entre los valles de nuestro sufrimiento hacia el Reino de Dios. Reino que no es de este mundo, sino que vive en este mundo y debe penetrarlo con su fuerza de justicia y de paz”. Benedicto XVI, Regina Caeli, 17-05-2009

Viajar a Tierra Santa es una oportunidad de caminar con la mente en escucha para llegar a un encuentro con Dios que se ha revelado y se revela de forma especial en estos caminos, en estas montañas, en este lago, etc.; una oportunidad de caminar con la mente en escucha para llegar a un encuentro con nosotros mismos para sentirnos amados infinitamente por Dios; una oportunidad de caminar con la mente en escucha para llegar a un encuentro con los hermanos, los que hacen con nosotros el camino y los que nos encontraremos por el camino.

Peregrinando por los caminos del Quinto Evangelio nos sentimos acompañados por el Maestro que dijo: “Yo soy el Camino”, de su mano y de sus conversaciones aprendemos cosas sobre la felicidad, el amor, la amistad, el sufrimiento, etc., en definitiva, sobre la vida humana.

Si te planteas viajar a Tierra Santa, prepara con ilusión tu maleta, pero no sólo con los objetos prácticos como calzado cómodo y ropa acorde, gafas de sol y gorro, pasaporte, dinero, etc. Prepárala principalmente con tu espíritu y buen ánimo, alegría y sentido religioso, ecumenismo y respeto a culturas y religiones diferentes.

“La historia del Evangelio, cuando se contempla en su ambiente histórico y geográfico, cobra vida y color, y permite comprender más claramente el significado de las palabras y los hechos del Señor… “ Benedicto XVI

Yo he tenido el gran privilegio de viajar dos veces y cada uno de mis viajes fue diferente. En el primero mi corazón estalló de llanto y de alegría en muchos lugares: en Jerusalén, en Belén, en Nazareth, pude hacer una peregrinación en formato de ejercicios espirituales, visitando menos sitios pero de una manera más intensa y de oración. En el segundo viaje, fue una peregrinación más turística, pero volví a estallar de alegría y de tristeza en muchos lugares: en el lazo Tiberiades, en Cafarnaúm, el desierto de Qumrán, no todos los lugares que me tocaron de forma especial el corazón coincidieron con los del primer viaje. Cada vez que vas, al igual que cada vez que lees la Palabra, el Señor te habla de diferente manera, te habla para ti y sólo para ti, de lo que en ese momento de tu vida quiere decirte.

Viajar a Tierra Santa es ese viaje que todo cristiano tiene que hacer. Es cierto que es un viaje muy caro pero, si tienes que ahorrar toda tu vida para poder ir, merece la pena.

Viajar a Tierra es pisar sobre las mismas huellas de Nuestro Señor Jesucristo. Estar en los lugares donde Jesús estuvo, donde el ángel le anunció a la Virgen María que iba a ser la madre de Dios, en el lugar donde Jesús nació, en el mismo rio Jordán donde Juan el Bautista bautizó a Jesús, sentir la soledad del desierto de Qumrán donde Jesús fue tentado por el diablo, visitar el lugar donde Jesús hizo su primer milagro en Caná de Galilea, pisar en el mismo monte donde Jesús multiplicó los panes y los peces, visitar la ciudad de Cafarnaúm donde Jesús predicó y curó a tantos enfermos, navegar de noche por el lago Tiberiades donde Jesús caminó sobre las aguas para llegar a la barca donde estaban los apóstoles pescando, abrazarse a un olivo de más de 2000 años en monte de los Olivos y pensar que allí el Señor comenzó su Pasión, hacer el Vía Crucis en Jerusalén caminando por los lugares donde Jesús llevó su cruz, presenciar el monte Calvario donde Nuestro Señor fue crucificado, ver su tumba, visitar la casa de Marcos donde se celebró la última cena, donde el Señor se les apareció una vez resucitado y donde recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Y muchos sitios más, que ya te los imaginas por los evangelios, pero, que al verlos contemplas la escena como si se estuviese produciendo en este momento y tu estuvieses con ellos.

Hay muchas ofertas de viaje a Tierra Santa, muchas agencias especializadas y viajes organizados por parroquias, pero yo os recomiendo ir con los Franciscanos que son los custodios de los santos lugares en Tierra Santa y con ellos te aseguras un viaje auténtico y especial.

Por si quieres contactar con el Comisario de Tierra Santa en España:

Fray Pedro González González
Real Basílica de San Francisco el Grande
c/ San Buenaventura, 1
28005 Madrid – España
Teléfonos: +34 63 52 64 331 / +34 61 58 75 120
E-mail: comisariots@ofminmaculada.org

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