Ricardo Diez de Ulzurrun López 17 de noviembre de 2017

Los santos dan una respuesta clara y tajante: no. 

Santa Teresa nos dice «Quien no hace oración no necesita demonio que le tiente.» y San Josemaría » Santo, sin oración?… –No creo en esa santidad (Camino, 107)», «Tu vida de apóstol vale lo que vale tu oración. (Camino, 108)», «La oración es el cimiento de la vida espiritual (Camino, 83)».

El camino de la santidad pasa necesariamente por la oración vocal y mental. La oración es el camino que nos conduce a la intimidad divina: en la oración se aprende a amar a Dios y a conocer su Voluntad.

En el Catecismo se nos enseña: «2697 La oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo momento. Nosotros, sin embargo, olvidamos al que es nuestra Vida y nuestro Todo. Por eso, los Padres espirituales, en la tradición del Deuteronomio y de los profetas, insisten en la oración como un «recuerdo de Dios», un frecuente despertar la «memoria del corazón»: «Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar» (San Gregorio Nacianceno, or. theol. 1, 4). Pero no se puede orar «en todo tiempo» si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos: son los tiempos fuertes de la oración cristiana, en intensidad y en duración.»

Deja un comentario.