Ricardo Diez de Ulzurrun López 30 de junio de 2021

¿Quién es Jesucristo para mí?

¿Alguna vez me he parado a pensar por qué soy cristiano? ¿Quién es Jesucristo para mí? ¿Qué supone Jesucristo en mi vida real, hoy y ahora?.

El Catecismo me dice que “Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios.” (CIC 454) y en los evangelios, por ejemplo en el de san Mateo, me dicen que Jesucristo es el Hijo de Dios en numerosas ocasiones: cuando Jesús es tentado en el desierto lo dice Satanás “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes” (Mt 4.3b), lo dicen los endemoniados que cura el Señor “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios?” (Mt 8,29b), lo dicen los Apóstoles cuando Jesús camina sobre las aguas “Realmente eres Hijo de Dios” (Mt 14,32b), lo dice Pedro ante la pregunta del señor “Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».” (Mt 16,16), lo dice el mismo Jesucristo ante el Sanedrín cuando es juzgado “Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho.“ (Mt 26 63b-64a) y lo dice el centurión ante la cruz “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mt 27,54c).

Entonces Jesucristo para mí es el Hijo de Dios y ya está. ¿Sólo eso? ¿Por eso soy cristiano? Realmente ¿Quién es Jesús para mí? ¿Un modelo o ejemplo de vida, un amigo cercano que me acompaña, mi salvador, mi maestro? Qué difícil es contestar a esta sencilla pregunta “Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»” (Mt, 16,15).
Lo que pasa es que para conocer a alguien y poder decir quién es, como en toda relación personal, se hace a través de una larga historia justos, una historia de toda una vida. Para poder contestar, primero tengo que escuchar y contemplar, tengo que tener una relación interpersonal, una relación de amor, una relación íntima y profunda, una relación que se renueve constantemente, día a día, una relación que hay que alimentar y custodiar como un tesoro precioso.

Y esta relación con Jesucristo es como cualquier otra relación personal: necesita que hablemos diariamente de nuestros temas (mediante la oración y meditación), necesita que escuche lo que quiere contarme de sí mismo y de lo que piensa (leyendo la Sagrada Escritura), necesita que conviva con Él, que tenga una relación íntima con Él (mediante la Eucaristía diaria), necesita tener proyectos de vida juntos (tenerle presente en la vida cotidiana), necesita que nos reconciliemos cuando nos enfadamos (mediante la confesión), necesita que vaya a un consejero para mejorar nuestra relación (mediante la dirección espiritual).

La respuesta a ¿Quién es Jesucristo para mí? es mi vida con Él. Según como yo decida relacionarme con Jesucristo, así le conoceré y podré contestar algún día a esta pregunta. Ese día le tendré en frente, estaremos cara a cara y me preguntará: ¿Me amas? ¿Ya sabes quién soy? Y espero haber vivido de forma que tenga la respuesta adecuada.

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