Ricardo Diez de Ulzurrun López 6 de febrero de 2022


Hoy me voy a saltar un poco el orden que estaba llevando de los libros del Antiguo Testamento, pero lo retomaré mañana.

Quisiera reflexionar sobre un tema en el que normalmente no solemos pensar como cristianos, la pastoral.

Cuando los cristianos oímos la palabra “pastoral” solemos pensar que es algo que hacen los sacerdotes, religiosos/as y consagrados/as, y algunos laicos que tienen mucho tiempo libre y están super-comprometidos con la Iglesia, así que trabajan en Cáritas, Manos Unidas, etc.

Si buscamos una definición típica de “pastoral”, podría ser “la forma histórica como la Iglesia actualiza en cada época la revelación de Dios, interpretando sus caminos y mostrando la manera de seguirlos”. También podríamos definirla como “la acción de la Iglesia católica en el mundo o el conjunto de actividades por las cuales la Iglesia realiza su misión, que consiste primariamente en continuar la acción de Jesucristo”.

Cristo profeta, sacerdote y rey, por su función de enseñar, santificar y guiar, encargó a la Iglesia la continuación histórica de su misión. De ahí nace su triple ministerio: pastoral profética, pastoral litúrgica y pastoral social.

  • Pastoral profética: abarca las diversas formas del ministerio de la Palabra de Dios (evangelización, catequesis y homilía) y la formación espiritual de los católicos.
  • Pastoral litúrgica: se refiere a la celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, de la oración y los sacramentales.
  • Pastoral social: se refiere a la promoción y orientación de las comunidades, a la organización de la caridad y a la animación cristiana de las realidades terrestres (salud, juventud, solidaridad social, educación, medio ambiente, etc.).

Nuestra Iglesia participa de esta misión de Cristo, movida por el Espíritu Santo, originando procesos y creando estructuras en forma de Planes Pastorales, que pueden ser a nivel de toda la Diócesis o a nivel parroquial.

Efectivamente esto es así, no hay duda, pero esto es lo que yo quiero llamar “pastoral pública”, es decir la pastoral visible.

Pero me gustaría que reflexionásemos sobre otro tipo de pastoral que, en mi opinión, es más importante y que no solemos caer en ella. Para mi, la pastoral no es sólo “la pastoral pública”, sino que existe una “pastoral escondida” o por lo menos no tan visible.

Un cura está en un pueblo e intenta todo lo que se le ocurre para que vengan a Misa los vecinos, para convertir a todos los que no creen, para atraer a los jóvenes, etc., y lo intenta con todo su corazón y con todas sus fuerzas, se inventa miles de actividades y eventos, vigilias, adoraciones, etc., pero no consigue que den resultados.

Un padre o una madre de Misa diaria está muy triste porque sus hijos no tienen fe, todos los días intenta hablarles de Dios, de las maravillas que hace en su vida diaria, de lo feliz que se siente sabiendo que Jesucristo está a su lado y conduce su vida. Invita a sus hijos a acompañarle a Misa los domingos para que así pueda conocer al Señor, hace todo que está a su alcance para intentar que sus hijos vuelvan a creer, pero a pesar de ello no lo consigue, incluso los hijos se quejan de que les quiera “comer el coco” y le pide que les deje en paz.

El cura del pueblo, agotadas ya todas sus acciones sin ningún éxito, comienza a rezar a diario ante el Santísimo para la conversión de sus vecinos. A los pocos meses, este cura es sustituido por otro, ya que la diócesis piensa en poner a otro a ver si consigue mejores resultados, y justo nada más llegar el nuevo empieza a proponer las mismas o parecidas actividades que el cura anterior y sin embargo dan resultado. La iglesia se empieza a llenar de los vecinos, de los jóvenes, se acercan muchos alejados, se bautizan muchos adultos, etc.

Este padre o esta madre, que no ha conseguido convencer a sus hijos para que tengan fe o que les acompañen a Misa los domingos, como cristianos que van a Misa a diario, en sus oraciones tienen presentes a sus hijos todos los días, pidiéndole a Dios su conversión. Cuando ya son mayores, o incluso cuando ya han fallecido, sus hijos comienzan a acercarse poco a poco a la Iglesia y se produce en ellos una conversión.

¿Es casualidad? No.

Lo primero a tener en cuenta es que la fe es un don de Dios que se la da a quién Él quiere y cuándo Él quiere, no es algo que nadie pueda mediante sus méritos y esfuerzos propios hacer que otra persona tenga fe. Aunque, por supuesto, la evangelización es un medio que Dios utiliza para dar la fe a las personas.

Y lo segundo es que cualquier pastoral, evangelización, catequesis, etc. sin la oración nunca funcionará, porque no estará iluminada y acompañada del Espíritu Santo, sino que será algo fruto del esfuerzo humano.

¿El sorprendente resultado del nuevo cura es debido a sus actividades pastorales o por la oración intensa del primero? ¿La conversión de los hijos es fruto sólo de las charlas recibidas de su padre o de su madre, o por a causa de la oración intensa en cada Misa diaria?

Para mi, la “pastoral escondida” es la oración, y es imprescindible, hasta el punto de que sin ella la “pastoral visible” no funcionará, sin embargo la “pastoral escondida” por sí misma, sólo ella, siempre dará resultados.

Como cristianos tenemos la obligación de practicar al menos esta “pastoral escondida”, hay que rezar por nuestros vecinos de portal que no van a Misa, por nuestros amigos y familiares que no van a Misa, por nuestros compañeros de trabajo que no van a Misa, por el dependiente de la panadería donde compro el pan a diario que no va a Misa, por el conductor del autobús que cojo todos los días que no va a Misa, por la peluquera a la que voy que no va a Misa, etc.

Así también estoy haciendo pastoral y es una pastoral mucho más importante que la “pastoral visible”.

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