Ricardo Diez de Ulzurrun López 18 de febrero de 2022


“¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil?” (Sant 2, 20). La fe sin obras es una fe muerta, porque la falta de obras revela una vida que no ha sido cambiada, un corazón espiritualmente muerto, una conversión falsa. La forma como vivimos revela la fe que tenemos porque uno hace lo que cree que es bueno.

La fe sin obras está muerta porque revela un corazón que no ha sido transformado por Dios. Cuando hemos sido regenerados por el Espíritu Santo, nuestras vidas van a demostrar esa vida nueva adquirida en nuestro bautismo. La fe en Cristo siempre produce buenas obras.

Amar de corazón los mandatos del Señor es actuar en la vida de acuerdo al Evangelio porque no se puede amar aquello que no se pone en práctica. El cristiano que vive en desobediencia a Cristo de manera voluntaria, tiene una fe falsa, que está muerta. La obediencia, y por tanto el amor, de los mandatos del Señor es la marca de la verdadera fe salvadora.

Sólo diciendo que creemos en Jesús, que tenemos fe, no es suficiente para salvarnos. Lo que nos salva es la regeneración que el Espíritu Santo produce en nuestros corazones, y esa regeneración se ve en una vida de fe, en una vida de obras que demuestran el amor y la obediencia a Dios.

Jesús nos dice en el Evangelio “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mc 8,34b). Ser cristianos es morir a la vida vieja y nacer a la nueva vida por el bautismo. ¿Renunciamos a nosotros mismos y a nuestra antigua vida? ¿nos esforzamos por alcanzar el ideal de vida que nos ofrece Jesucristo?

Jesús nos pide tomar nuestra cruz y seguirle, esto significa estar dispuesto a morir con tal de seguir a Jesús, por eso nos pide también negarnos a nosotros mismos, nos pide la entrega absoluta.

Por donde iba Jesús, le seguían multitudes, pero sólo unos pocos le seguían como Él pedía. Muchos le seguían por interés propio (les daba de comer, les curaba, les halagaba sus oídos con palabras de misericordia, etc.). A nosotros como cristianos nos está pidiendo que si queremos seguirle, sepamos que no va a ser un camino todo de rosas, que va a haber espinas, que tenemos que meternos en el fango y llenarnos los pies con el polvo del camino.

Nos está pidiendo que para seguirle a Él hay que tener fe en Él, pero también estar dispuestos a morir por el prójimo como Él, a servir a los demás, a curar enfermos y endemoniados, a predicar el Reino, a tener misericordia. Nos está pidiendo que si le queremos seguir, que con la fe no basta, que tenemos que poner en práctica esa fe en nuestras vidas, viviendo como él al servicio de los demás.

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