Ricardo Diez de Ulzurrun López 11 de febrero de 2022


LOS PROFETAS DE LA ÉPOCA PERSA (1 de 2)

Con la caída de Babilonia en el 539 a. C., el Imperio Persa sustituirá a Babilonia en Oriente Medio. Sin embargo, la política de Ciro es distinta, es respetuoso con los cultos locales, y en el caso de los judíos, defiende y protege a los que fueron amigos contra su enemigo común, Babilonia. En esta línea, ordena la reconstrucción del Templo de Jerusalén y parece que facilita la salida de los deportados para que regresen de su exilio de 50 años.

No sabemos cuantas personas regresarían, lo que es cierto es que muchos no lo hicieron. Tengamos en cuenta que Palestina es una región más pobre e infértil que lo que era Mesopotamia. También es casi seguro que hubo un choque violento entre los que regresaron y los que nunca fueron deportados. Esto es lógico: la tierra ya era poseída por otros, la influencia y los bienes estaban en manos de otros dirigentes. La mentalidad de los que regresan es de implantar una serie de ideas que han tratado de vivir y fomentar entre ellos: el sábado, la circuncisión, los alimentos. Además, es casi seguro que la situación económica no era boyante, por lo que la restauración del Templo tuvo que traer enfrentamientos entre unos y otros.

Añadimos a este problema, que los que se quedaron se mezclaron con gentes de otras razas y naciones, por lo que a ojos de los deportados no eran “tan puros” como ellos. El conflicto religioso y racial también estaba presente. Recordemos además que los deportados pertenecían a grupos sociales más influyentes. Esta influencia había sido mermada por varias décadas de ausencia, el estatus alcanzado por los que no fueron deportados era distinto, tenían tierras, lógicamente nunca pensaron que iban a regresar sus antiguos propietarios. El conflicto fue también social y jurídico.

En medio de este ambiente tenemos una serie de profetas preocupados más por el templo y por restablecer el culto. Lejos está el profetismo clásico que hablaba de abusos sociales, ahora interesa volver a las antiguas tradiciones. De ahí que no sepamos mucho de estos conflictos que posiblemente se dieron en el ámbito social y que desconocemos en gran parte.

El libro del III Isaías (Tritoisaías)

Desconocemos quién escribió estos capítulos que van del capítulo 55 al 66. Se piensa que es un profeta del siglo V a. C., un posible discípulo del II Isaías, otros exegetas creen que estamos ante alguien muy distinto. Incluso se habla de una pluralidad de escritores proféticos. La verdad es que son hipótesis que no podemos confirmar por ninguna parte. Lo que sí se está de acuerdo es que es un profeta de finales del siglo VI y principios del V. Tras el exilio.

El libro pretende la conversión ante la situación social y religiosa del país, se encuentran con un Templo en ruinas, una ciudad destrozada, se quejan de los enemigos y de sí mismos. La situación es caótica y la desesperanza cunde por doquier. El tercer Isaías pretende que el pueblo reconozca sus pecados e injusticias como requisito para que llegue la salvación.

Dentro de estos capítulos destaca, aún dentro de un bloque más o menos compacto, los himnos dedicados a la gloria de Jerusalén. Sólo esta ciudad resplandece y brilla con luz propia en medio de la oscuridad generalizada.

El libro de Ageo

Conocemos muy bien la época en la que predicó. En el mismo libro se indica, mes sexto año segundo de Darío, es decir desde el 27 de agosto del 520 a. C. al 19 de diciembre de ese mismo año. El contexto del profeta está en la desesperanza: las primeras caravanas de deportados perdieron la ilusión pronto, se dedicaron más a sus viviendas y campos que al Templo.

Estamos en la época de Darío I, es una época en la que el Imperio Persa se tiene que ocupar de los levantamientos independentistas, hay una especie de reconquista de territorios ya conquistados pero no abandonados a causa de los problemas de sucesión al trono. La independencia de Palestina no llegará todavía. En este ambiente, el profeta Ageo habla de la cercanía del “día del Señor”.

Ageo se centra en dos temas:

  • El culto al Templo: en el Templo estamos ante un profeta que exhorta a la reconstrucción del edificio y su culto, dato imprescindible para que los campos y el país vuelva a la prosperidad.
  • Escatología: Ageo es también un profeta que anuncia el final de los tiempos, se restaurará el reino de David y los pueblos paganos serán aniquilados.

El Templo será el centro de esa salvación, dejando los problemas sociales de lado. Para Ageo importa el templo y su restauración, ese es el deseo de Yahvé.

El libro de Ageo es breve, con sólo dos capítulos, consta de apenas cuatro oráculos.

  • El primero hace una lectura creyente de los acontecimientos. En medio de la escasez, la solución está en reconstruir el Templo, es el momento de hacerlo.
  • El segundo oráculo invita a trabajar y ensalzar el Templo para que brille en su gloria.
  • El tercer oráculo es la previsión de prosperidad agrícola que se inicia con un interrogante presentado a los sacerdotes y que alude a la santidad y la impureza.
  • El cuarto oráculo, continúa con la invitación escatológica.

El libro de Joel

De este profeta disponemos pocos datos, sabemos su nombre y que era hijo de un tal Fatuel. No sabemos mucho más. Es un buen escritor que parece que predicó en Jerusalén y por las cuestiones que trata estamos ante un hombre culto y buen poeta.

En cuanto a la fecha en la que fue escrito el libro, hay dos opiniones contrapuestas, una afirma que fue elaborado y redactado a finales del siglo VII, siendo contemporáneo de Jeremías y Sofonías; y la otra opinión mayoritaria prefiere situarlo en torno al 400 a. C.

El mensaje de Joel es el señalamiento del día del Señor como un día de esperanza para Judá, un día en el que se dará riqueza y prosperidad a los judíos. Hace un llamamiento a la conversión, pero prácticamente limitado, como sucede en los profetas de esta época, a las cuestiones rituales del Templo.

El libro se puede estructurar en varios apartados.

  • El punto de partida es una plaga de langosta y una sequía, que el profeta interpretará invitando al ayuno y a la penitencia. Presenta también en esta primera parte el día de Yahvé.
  • La segunda parte sería la respuesta de Yahvé desde la liberación con la visión de la prosperidad
  • La tercera parte, encontramos la presentación de una nueva efusión del espíritu, semejante a “Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos” (Ez 36, 27), seguido del juicio de los pueblos y la gran restauración de Israel en el día de Yahvé.

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