Ricardo Diez de Ulzurrun López 5 de febrero de 2022


PROFETAS DEL SIGLO VIII a.C. (1 de 2)

Primero hay que conocer un poco el contexto histórico en el que aparecieron estos profetas.

El reino del Norte, Reino de Israel, fue acosado y derrotado por los Asirios que disponían de mejores tropas, carros más numerosos y ejércitos más poblados que acarrearon una pérdida sucesiva de territorio a Israel. Los reyes asirios se comportaron de manera diferente con Israel, permitieron etapas de relativa paz y prosperidad, junto con momentos de mucha escasez y guerra. Al final se impuso la destrucción de Israel. En el año 722 Israel cayó en manos de Asiria, su población fue deportada, y este Reino fue borrado de la historia.

El Reino del Sur, Reino de Judá, se mantuvo al margen mientras Asiria atacaba al Norte, incluso se enfrentó a éstos. Asiria atacó primero contra Israel. Terminado el reino del Norte le tocó al reino del Sur. El método empleado en la época para persuadir consistía en hacer una manifestación de fuerza, sembrar el terror para lograr que el enemigo se sometiera pagando tributos y vasallaje. Cuando la situación empeoraba y no se quería pagar tributo, se invadía y arrasaba el territorio anexionando la provincia al Imperio. Esto servía de escarmiento y de enseñanza a otros pueblos vecinos. Las clases y los dirigentes eran entonces deportados, trasladados a otras regiones lejana para evitar un nuevo levantamiento.

La caída definitiva del Reino del Norte fue ayudada por una especie de pacto Siro-efraimita, es decir, el Reino del Sur, Judá, y Asiria se unieron contra el Reino del Norte. Los acontecimientos se iniciaron con el ataque del Reino del Norte y del Reino de Damasco contra el Reino del Sur. Judá pidió ayuda a los Asirios que intervinieron, pero desde ese momento Judá quedó sometido por el pago de tributos a los Asirios. Cuando Judá se rebele contra Asiria tendrá que enfrentarse lo mismo que el Norte. Fuertes tributos e imposiciones altísimas a favor de los Asirios invasores.

En este periodo del siglo VIII a.C. tenemos cuatro profetas, Amós y Oseas que provienen del Reino del Norte y el primer Isaías (protoisaías) y Miqueas del Reino del Sur.

El libro de Amos

Parece que este profeta inició su actividad sobre el año 760 o 750 a. C. Es un periodo de prosperidad y paz, aunque siempre rodeados de la constante amenaza de su destrucción. Amos se presenta como un pastor, “Palabras de Amós, uno de los pastores de Técoa, que profetizó sobre Israel en los días de Ozías, rey de Judá, y en los de Jeroboán, hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto” (Am 1,1), nacido en Tecua, un pueblecito al sur de Belén.

Amos es un profeta del Reino del Sur pero que ejerce su predicación en el Reino del Norte. No se presenta como un profeta, sino como alguien impelido por la necesidad de no callar ante la voz del Señor. “Ha rugido el león, ¿quién no temerá? El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?” (Am 3,8). No sabemos su labor de profeta, ni lo que duró, encontraría pronto rechazo por parte de los dirigentes, es expulsado por hablar mal del Rey, ahí le perdemos el rastro “Entonces Amasías, sacerdote de Betel, envió un mensaje a Jeroboán, rey de Israel: «Amós está conspirando contra ti en medio de Israel. El país no puede ya soportar sus palabras.” (Am 7, 10).

El libro de Amos tiene una estructura que podemos dividir en tres partes. La primera parte es un discurso contra las naciones extranjeras (Am 1,2 – 2,16), después vienen las palabras contra Israel y sus dirigentes (Am 3 – 6,14 ) y la tercera parte contiene cinco visiones, el relato de la expulsión de Amos y una adición tardía de la restauración (Am 7 – 9).

Su mensaje es categórico y rotundo. Presenta a un Dios profundamente encolerizado con su pueblo. Las peores catástrofes serán para Israel. Las razones están en el lujo, la injusticia con los débiles y el culto a otros dioses, la seguridad que tienen en la religión es falsa; por eso, el día del Señor que esperan, será muy distinto al que tienen en mente. Para Amos será un día terrible. La imagen que tiene Amos de Dios es que Dios es justicia.

El libro de Oseas

Es un profeta algo posterior a Amos. Conoció la caída de la dinastía de Jehú, la situación posterior de anarquía, golpes de estado e inseguridad política. En este panorama Israel será conquistado por Asiria.

Parece que Oseas sí fue un ciudadano del Reino del Norte. De hecho sólo menciona ciudades del Norte, conoce las tradiciones del Norte, (Egipto y patriarcas) y no menciona nada las del Sur (David o Jerusalén). Tiene ideas muy cercanas a la teología más clásica del Deuteronomio, por lo que pudiera ser un miembro de la tribu de Leví.

Los primeros capítulos hablan de su matrimonio (Os 1-3), pero después vienen los oráculos uno tras otro sin mucho orden ni colocación.

Oseas coincide con Amos en denunciar la corrupción moral y social, la injusticia es alarmante. Pero también condena fuertemente la idolatría. Esta idolatría se producía cuando se adoraban dioses falsos, imágenes del becerro de oro o los dioses Baales. Oseas considera que hay una nueva idolatría: los Israelitas, ante el peligro, no buscan la salvación en Yahvé, sino que lo buscan en otros pueblos; es como si reconocieran la fuerza de estos dioses extranjeros adorando e idolatrando la salvación que les van a traer de fuera. No habrá salvación sino condena.

Oseas trabaja el tema del amor. Dios quiere salvar, a pesar de todo, a su pueblo. Es el perdón antes que la conversión. Es magnífico en esta línea el capítulo 11 donde la relación de Dios con su pueblo es de verdadero cariño, de maternidad y de entrega amorosa. Es curioso en el capítulo 12 la mención del Génesis, lo cual supone un reto para la reconstrucción de la época y las tradiciones de la Biblia.

Oseas es un autor que influenció muchísimo a los profetas posteriores. El uso del matrimonio para explicar la relación entre Dios y su pueblo será usada constantemente por otros profetas y por el cristianismo. Oseas tiene una imagen de Dios distinta a Amós, si allí era justicia, para Oseas Dios es amor.

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