Dogma sexto: el juicio final

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En este dogma sexto, san Cirilo nos está hablando del juicio final.

En escatología moderna se habla de que habrá dos juicios, uno inmediato, nada más morir y otro cuando llegue el juicio final. Aquí san Cirilo parece que se está refiriendo a este último juicio final.

Desde que morimos, hasta el juicio final en el que se producirá la resurrección de los cuerpos hay un paso intermedio, esto es lo que se llama escatología intermedia.

Existe un juicio Individual que comienza con la muerte. El alma es inmortal, por lo tanto cuando el cuerpo muere, este alma acude a la presencia del Señor y se produce en ese momento un juicio particular, en el que ya se decide lo que va a ser de nosotros: de forma definitiva el infierno o el cielo y de forma provisional, hasta que llegue el juicio final, el purgatorio.

En la segundad venida de Jesucristo, en la parusía, se producirá el juicio colectivo, es decir el juicio universal o final. En ese momento de la historia se producirá la resurrección de todos los muertos, que constituye el núcleo de la recapitulación de todo en Cristo, y el juicio final con el premio o condena definitivo: cielo o infierno.

Los seres humanos morimos, no somos eternos, entonces ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Desaparecemos del todo? Estas son preguntas que contesta la escatología.

El envejecimiento es una parte de la vida del hombre que en nuestros días parece que está despreciada. Sin embargo cada minuto de nuestra vida es precioso y cada minuto de la historia de un hombre es historia con Dios. Todos los momentos de nuestra vida son importantes y resucitaremos, como Jesús resucitado tenía las heridas de los clavos y de la lanza en su cuerpo glorioso, nosotros con nuestras medallas y con nuestras tarjetas rojas ganadas a lo largo de nuestra vida.

Resucitaremos en cuanto materia, es decir tendremos un cuerpo, pero no de la misma forma del que tenemos ahora. Es como un anciano y un bebé, que son de la misma materia, pero de distinta forma. El que resucita es el mismo sujeto que murió porque el alma da forma a su cuerpo, sin embargo no sabemos cómo será nuestro cuerpo, igual que el bebé no se sabe cómo será su cuerpo de anciano.

Santo Tomás dice que hasta que se produzca la resurrección de la carne, aunque el alma esté en el cielo, no se puede hablar de felicidad plena, porque el alma sin cuerpo no está completa (Compendio Theologie).

Lo importante no es conocer cómo será nuestro cuerpo, sino cómo serán las medallas o tarjetas rojas que llevaremos en él, porque esto es lo que determinará si estaremos en el cielo o en el infierno.

Es imposible saber si esta teoría del doble juicio es verdadera o no (el Catecismo de la Iglesia Católica lo considera verdad de fe), lo único que sí sabemos con seguridad por la revelación es que habrá un juicio final y que entonces se producirá la resurrección de los cuerpos.

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