Dogma octavo: el alma

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El dogma octavo de san Cirilo nos habla es el alma.

Cada alma es creada directamente por Dios, Dios nos ha pensado y amado a cada uno de nosotros individualmente y nos ha traído a la vida con un sentido propio para cada uno. Ninguno estamos aquí por casualidad, por eso es tan importante descubrir la vocación individual.

Dios ha creado un alma individualizada, el alma es forma substancial individual. Desde el momento en que se fecunda el óvulo con el espermatozoide y se crea la primera célula, el alma le da la forma al ser, a ese sujeto único, hasta el momento de su muerte. El desarrollo de ese alma-cuerpo es lo que se llama vida, que son las diferentes circunstancias que afectan a ese sujeto.

Ayer, hablando de la muerte y la resurrección, habíamos dejado pendiente la cuestión de que sucede con el alma después de la muerte. Inmediatamente nada más morir nuestra alma se pone en presencia del Señor y tenemos un juicio particular ¿pero qué pasa con nuestra alama? ¿Puede sobrevivir un alma sin un cuerpo? ¿ la persona sigue estando por la separación del alma y el cuerpo?

Con la muerte, la unión alma-cuerpo se disuelve. Algunos intentos de buscar una explicación a la cuestión hablan de nuevos conceptos de tiempo y de corporeidad, es algo así como que se produce una resurrección en un nuevo cuerpo no material a espera de la resurrección definitiva en nuestro cuerpo material. De esta forma el hombre compuesto por alma-cuerpo sigue estando ahí.

En la Suma Teológica, Santo Tomás de Aquino dice que el alma sin cuerpo en el cielo tendrá «Mayor libertad de inteligencia, ya que el peso y el cuidado del cuerpo son mayores atascos sobre la claridad de su inteligencia en la vida presente». Citando a San Gregorio dice que “Los muertos no saben cómo está organizada la vida de aquellos que, después de ellos, viven en la carne; la vida del espíritu es muy diferente de la vida de la carne. Así como las cosas corpóreas y las incorpóreas difieren en género, también se distinguen por el conocimiento“. Sin embargo “No se debe pensar la misma cosa respecto al alma de los santos. Para aquellas que ven por dentro la claridad de Dios todopoderoso, no se debe absolutamente creer que reste fuera alguna cosa que ignoren. Parece más probable que las almas de los santos, que ven a Dios, conozcan todo lo que aquí sucede”.

En cualquier caso todo esto sigue siendo un misterio, en la Sagrada Escritura nada se cuenta de ello y nadie ha venido a contarnos después de morir cómo es. Hay que tener fe y estar seguros de que si en el juicio particular vamos al Cielo, será el lugar más maravilloso imposible de imaginar que Cristo nos ha preparado una mansión para nosotros. Y lo principal, que gozaremos de la presencia de Dios.

“En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; Si no fuera así, te lo habría dicho. Voy a preparar un lugar para ti. Y si voy y preparo un lugar para ti, volveré y te recibiré para Mí mismo; que donde yo estoy, allí también puedas estar” (Juan 14: 2-3).

“Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente del hombre, pudo imaginar, cuales cosas tiene Dios preparadas para los que le aman”. (1 Corintios 2,9).

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