Ricardo Diez de Ulzurrun López 25 de noviembre de 2021


Esta nueva catequesis de san Cirilo, plantea el cuarto dogma hablando de la pasión y muerte de nuestro Señor en la cruz.

Dios se hizo carne para salvarnos, ese es el único motivo por el que Dios se abajó a la condición humana (kenosis). Él no tenía ninguna necesidad de hacerse hombre, pero por amor a nosotros, a sus creaturas, decidió encarnarse de la Virgen María y vivir entre nosotros, padecer y morir en la cruz por nuestros pecados, por todos y cada uno de los pecados de todos y cada uno de los seres humanos, desde Adán hasta el último hombre de la tierra.

El Catecismo de la Iglesia nos dice en el punto 599 que “La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: «Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios» (Hechos 2, 23).”

Jesucristo murió en la cruz para salvar a la humanidad de la muerte y abrirle las puertas del Reino de los Cielos, en un sacrificio por amor a la humanidad. Los cristianos, mediante el Bautismo, nos hacemos hijos de Dios y herederos de esta salvación y del Cielo, se nos perdonan todos nuestros pecados y se nos da la gracia divina necesaria para vivir una vida santa y así poder salvarnos.

El Catecismo de la Iglesia nos dice en el punto 604 que “Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4, 10; Juan 4, 19). «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Romanos 5, 8).”

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