Ricardo Diez de Ulzurrun López 22 de octubre de 2017
San Teófano el Recluso

Y esto es lo que le sucede al que ora con su boca, pero no con su mente. No se escucha a sí mismo y se permite distraer su mente con diversas cuestiones.

El Piadoso Nilo Sorsky afirma que quien ora en voz alta, pero sin estar atento a lo que dice, le está orando al aire y no a Dios.

“¡Qué deseos tan raros los tuyos, hermano! ¿Quieres que Dios te escuche, cuando ni siquiera tú te escuchas a ti mismo?”, dice San Demetrio de Rostov, citando al Santo y Mártir Cipriano de Cartagena. Y esto es lo que le sucede al que ora con su boca, pero no con su mente. No se escucha a sí mismo y se permite distraer su mente con diversas cuestiones, de tal suerte que, no raras veces, se detiene súbitamente, olvidando lo que estaba leyendo. O comienza a pronunciar, en vez de las palabras de la oración que hacía, las de otra oración, a pesar de tener el libro abierto ante sus ojos.

¿Cómo podrían los Santos Padres, entonces, evitar condenar tal clase de oración tan perniciosa, recitada sin concentrarse y disipada por nuestra misma distracción?

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