Ricardo Diez de Ulzurrun López 5 de noviembre de 2017

Se trata de una guía de espiritualidad formalmente dirigido a las monjas del monasterio de San José de Ávila, pero que su autora, consciente o inconscientemente, acaba dirigiendo a toda congregación religiosa e incluso a seglares, dado que el momento de reformas y cismas que se viven, le hacen querer extender sus consejos a todos los cristianos.

Nos habla en este libro de la reforma recién emprendida, del amor, desasimiento y humildad como bases de la vida comunitaria, del peligro de la honra: “… no hay tóxico que mate, como estas cosas, la perfección.” (Camino de Perfección 12,7).

También nos habla de la oración con unos avisos significativos para perseverar con humildad frente a Dios sin exigir o buscar experiencias sobrenaturales: “…importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo está más alto…” (Camino de Perfección 27,2).

O dicho de otra forma: “El verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le llevare el Señor” (Camino de Perfección 15, 2).

Gran parte de la obra es una meditación sobre el Padre Nuestro como oración vocal más importante, con puntos de gran profundidad en su análisis.

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