Nuestra razón de ser

“Estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Entonces, subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba a la multitud desde la barca.” Lc 5, 1-3

 

Una de las grandes paradojas modernas es que los católicos somos la comunidad más numerosa del mundo, pero no hay ningún portal que lleve nuestra voz ni nuestras ideas cristianas en el debate público mundial.

Existe una inmensa galaxia católica en el mundo de Internet, que cuenta con una multitud de blogs, sitios, cuentas Facebook y Twitter, videos en Youtube, etc., pero son iniciativas locales, particulares, parroquias, movimientos, diócesis.

Los creyentes que navegan y viven de modo habitual en Internet saben que en este amplio océano de informaciones hay estudios sobre la Biblia, bibliotecas digitales con buena información católica, textos y documentos de los Padres de la Iglesia, un gran número (por desgracia, no siempre en traducciones de calidad) de documentos eclesiales de todos los siglos, instrumentos de trabajo para la catequesis, material sobre liturgia y música sagrada, obras de espiritualidad de gran valor, trabajos sobre historia, noticias eclesiales de muchos lugares del planeta, ayudas en línea y consultorios católicos, etc…

La enumeración es incompleta, pero da una idea de las enormes riquezas que se encuentran en Internet, gracias a tantas personas (que van desde quienes trabajan en el Vaticano hasta quienes publican material en parroquias o como bautizados en sus hogares) que han tomado en serio la tarea de hacer presente la fe en el mundo digital.

Se necesita mucho tiempo y esfuerzo para encontrar respuesta a nuestras preguntas sobre la fe, la vida, la sociedad o la actualidad, y cuando se consigue, no se sabe quién habla ni la fiabilidad de la respuesta.

Ser consecuentes con la fe lleva aparejado vivir un estilo de vida que suscita preguntas y llama la atención. A menudo, nuestras decisiones y prioridades despiertan la curiosidad de nuestros conocidos que se interesan por el porqué. De igual modo, una presencia católica coherente es el punto fundamental de la evangelización en Internet.

Y esta presencia no es opcional: todo católico está llamado a dar testimonio de su fe allí donde se encuentre, y si la Red es un lugar más, no puede ser una excepción.

En palabras del Papa Benedicto XVI en el mensaje de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales:

“En el mundo de Internet, que permite que millones y millones de imágenes aparezcan en un número incontable de pantallas de todo el mundo, deberá aparecer el rostro de Cristo y oírse su voz, porque si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre”.

“Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio -como el “patio de los gentiles” del Templo de Jerusalén- también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido”.

Además, el Papa Francisco, en su mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, nos dejaba una clave importantísima para la vida cristiana en Internet:

“No basta pasar por las ‘calles’ digitales, es decir, simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro”.

“No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana”.

“Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar: «pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.» (Hch. 1,8)“.

Ser conscientes de que detrás de los perfiles, avatares, blogs y páginas web hay personas es imprescindible. Y si son personas, ¿por qué no acercarnos a ellas y tratarles como lo hacemos en cualquier otra situación?

Si en los años 60 llegó la “generación TV” y durante los 70 nació la “generación video”; en los años 80 explotó la “generación Nintendo” y en los 90 debutó la “generación Internet”. Los miembros de esta generación Internet (3-27 años) están totalmente instalados en esta nueva era de las comunicaciones.

La Red domina de tal manera los sistemas de comunicación que todo pasa por ella. La Iglesia y el Evangelio la necesitan. Desde la Red y por medio de la Red el ser humano busca, se relaciona, discierne, convive y comparte sus respuestas y sus preguntas. También las que tienen como centro el Evangelio.

El reto actual es construir estrategias pastorales que expriman los recursos de la Red, participativos, abiertos al diálogo. Es un cambio de mentalidad respecto de las nuevas tecnologías: ya no son medios de los que valerse para complementar una catequesis, sino que son un lugar en el que se da la catequesis y la evangelización como testimonio, mensaje o conversación.

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